Fawzia Koofi, ¿una presidenta para Afganistán?


Habla la primera mujer en anunciar que se presentará a las elecciones de Afganistán en 2014. En contra tiene el statu quo de gran parte de la sociedad del país

Por LOLA GARCÍA-AJOFRÍN.

El vídeo corresponde a los fragmentos de la entrevista realizada en el Parlamento de Afganistán en Kabul, en agosto de 2012. Parte de esta entrevista también puede leerse en el número de noviembre de la revista ‘Marie Claire’ bajo el título: ‘La dama sin miedo’.

La dama sin miedo

por Lola García-Ajofrín, publicado en la revista Marie Claire, noviembre de 2012

Un cartel en una pared del salón saluda “a los que no tienen miedo al futuro”. Es la bienvenida a su casa en Kabul de una mujer que, a sus 36 años, ya se ha despedido de la vida “en incontables ocasiones”. De la de su padre, un reputado parlamentario, asesinado durante la primera guerra afgana; de la de su marido, encarcelado durante el régimen talibán y muerto de tuberculosis al poco de ser puesto en libertad; de la de su hermano Muquim, acribillado a tiros mientras dormía y de la suya propia, que ha superado tres atentados fallidos. “Pero de momento no sé lo que es, sigo viva”.

Habla la parlamentaria afgana, Fawzia Koofi, una de las las 69 mujeres miembros del Parlamento y vicepresidenta de la Asamblea Nacional del país. Ha sido la primera mujer en anunciar que se presentará a las elecciones presidenciales de Afganistán en 2014. En contra tiene el statu quo de parte de la sociedad, una dificultad que no ocultan ni sus propios colegas: “Si lo que quiere es vivir en un palacio, que se case con un presidente”, le reprochó un miembro del Parlamento, tras conocer su candidatura.

Koofi tiene el cabello largo y oscuro –de vez en cuando asoma tras el pañuelo– domina el inglés y gesticula en casa como si estuviese en su escaño. Por su aspecto, podría ser un alto cargo de cualquier lugar del mundo; por su historia, solo podría ser de este lugar, en el que tres décadas de guerra han sacado lo peor y lo mejor del ser humano.

Cuando nació, la decimonovena de 23 hermanos, su madre, una analfabeta con burka, deseaba tener un niño. El padre de Koofi acababa de casarse con su séptima esposa, una adolescente de 14 años que le había dado un varón. La madre estaba convencida de que así recuperaría el amor del hombre que compartía. “Pero fui chica”, dice Kofi entre risas.

Fue una niña que se las ingenió para ser la primera mujer de su casa en ir a la escuela, para que su familia aceptara un matrimonio por amor y para, en 2005, una vez que el Parlamento aprobara una cuota en para las mujeres, dedicarse a la política. “Durante la campaña, mis hermanos se ponían malos cuando veían mi imagen por todas partes, iban parando a los coches y diciéndoles que arrancasen mi póster”, recuerda.

Siete años después, el Parlamento es su segunda casa. “En 2005, puede que la gente me votara por ser la hija de mi padre pero en 2010, votaron por mí. Además, esta vez, mis hermanos pusieron grandes pósters míos en sus casas”, bromea. Tiene buen talante y dice que lo ha heredado de su madre, a la que admira: “Con todo lo que sufrió y nunca quitó la sonrisa de la cara”. De su padre ha sacado el carácter: “Recuerdo pocas cosas suyas porque lo asesinaron cuando era pequeña pero dicen que hablo igual y que soy igual de fuerte”.

Entre sesión y sesión, en la sede de la tambaleante democracia afgana, trasncurre la conversación que la interrumpe en dos ocasiones un joven que trae documentos para que firme. “Es urgente”, se disculpa la candidata. Como todo en una jornada que empieza a las 5 de la mañana. “Trabajamos en una política para conseguir más alumnas en la universidad –puntualiza, normativa en mano –, necesitamos mujeres capacitadas que puedan competir en un mercado de hombres”.

PLANES DE PRESIDENTA

Sus hijas, Shuhra y Shaharzad, de 12 y 13 años, respectivamente, llevan una coleta de lado y tienen cejas espesas como la madre. Las dos estudian y juegan al tenis. “Algo impensable cuando yo tenía su edad”, reconoce. Las niñas también han aprendido a decir adiós, por si acaso. “Durante el período talibán asesinar a una mujer era un orgullo porque lo que mataban no era a una sola sino a un movimiento de mujeres al que pretendían desmoralizar”, sentencia la candidata, que relata que hubo varios planes para matarla, “algunos horribles”. Otras veces la han enviado cartas, diciéndole: “Ten cuidado, vas a morir”. Por eso, cuando sale de viaje, a veces se despide de sus hijas con una nota: “Espero volver y veros otra vez pero quizás no lo haga. Recordadme”.

Koofi fue elegida en 2009 una de las “Jóvenes Líderes Mundiales” por el Foro Económico Mundial y, en 2014, dará un paso más, cuando compita por la Presidencia. “No lo hago por razones simbólicas o solo para demostrar que una mujer puede hacerlo, sino porque creo que el pueblo de Afganistán lo necesita”, sostiene. ¿Posibilidades? “Mira Pakistán, con más elementos conservadores y el primer país musulmán que tuvo una Primera Ministra”. ¿Planes? “Necesitamos una ley de responsabilidad y burocracia más simple porque la burocracia sin ley es la que permite la impunidad de los corruptos en este país”. ¿Miedo? Responde como el cuadro del salón: “Esto es para lo que vivo y por lo que sé que moriré”. Sin miedo al futuro.

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