Los ‘freelances’ son raritos


El viernes llevé bombones a la oficina. ¿El motivo? “Dejo mi trabajo para embarcarme en el mundo freelance”. Así se lo expliqué al abogado de la Asociación de la Prensa de Madrid, al que acudí para que me asesora en mi nueva aventura y al que dejé con la cara de Bush, cuando le notificaron, mientras leía un cuento en una escuela primaria, que un avión se había estrellado con una de las torres gemelas.

–Pero, ¿te obligan? –No, lo he solicitado yo. –Pero, ¿porque te lo han pedido? –que no, que no, es iniciativa mía, algo pensado y reflexionado. No le culpo: cinco millones de parados y casi la mitad de la juventud española desempleada. En medio minuto debieron acribillarle los números como si de una operación bursatil de riesgo se tratara.

Más pereza me da explicárselo a Paco, el portero de mi edificio, que a estas horas del lunes debe estar comiéndose las uñas por el hecho de que no haya abandonada el domicilio a las 8:45, como todos los días. “¿Hoy no vas a trabajar?” posiblemente remplace esta mañana al tradicional “¡Buenos días!”. A los que no me dio tiempo a darle explicaciones fue a los chicos de StarBucks, donde esta tarde, entorno a las 18:40 no pasaré a por “¿lo de siempre, Lola?” –capuccino grande con desnatada–. Ni en los restaurantes de la calle Orense, con medio menú a 7 euros, que pasados unos días puede que consuelen la inertidumbre sobre mi ausencia –si es que se da– con un sencillo: ‘la habrán echado’.

Habría que decirle a Dickens sobre aquello de que “el hombre es un animal de costumbres” que somos una auténtica manada acostumbrada y acomodada. Solo de leerme en este post me da vértigo la regularidad de mis movimientos. Somos dueños de nuestras vidas y por ende, de nuestras elecciones, pero se nos olvida. Una decisión aparentemente tan simple como apostar por una idea, perseguir mis pretensiones profesionales y variar ligeramente el rumbo profesional ha despertado tal incertidumbre en mi entorno que la sorprendida soy yo.

“Qué envidia”, “quien pudiera”, “si no tuviera la hipoteca…”, “si tuviese diez años menos…”, los sisies me persiguen estos días como si hubiese adquirido por arte de magia una llave que otros anhelan. Pero si de momento lo único que hice fue dejar mi trabajo y comprar un billete de avión, pienso. ¿Esa es una llave? Lo es.

Me tiro a la piscina y es pronto para determinar cómo salpicará el chapuzón. Pero creo que es la única manera de hacer lo que quiero hacer y eso ya me vale. El resto “saldrá mejor de lo que imaginas” –me tranquilizaba recientemente un amigo, que lleva toda la vida freelanceando–, aunque recuerda: “Las cosas son difíciles”. Los freelances son raritos.

“Es lunes 26 de marzo”, dice Ángeles Bravo, la presentadora del 24 horas, mientras acabo este post, en un informativo que enlanza “el Papa llega a Cuba con pocas expectativas de cambio” con “Andalucía no cambia“, la cumbre sobre seguridad nuclear, en Seul –a la que Rajoy llegará tarde por las elecciones andaluzas y asturianas– y anécdotas varias –¿sabéis que Bruselas frenará el intento de Cañete de ampliar la caza del lobo ibérico?–. Apago el ordenador y empiezo a efrentarme a los desafíos de mi nueva vida. ¿La primera? Paco, el portero.

Anuncios

Una respuesta a “Los ‘freelances’ son raritos

  1. Por lo pronto enhorabuena! sólo leer la rutina da un poco de cosa, supongo que acaba pasándonos a todos, pero el cambiar de proyecto cada par de meses lo mitiga.

    Si necesitas algo y puedo ayudar ya sabes… suerte!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s