La ‘Generación precaria’ portuguesa se indigna


ESCUELA contacta con uno de los cuatro jóvenes responsables de la mayor manifestación del país, desde la de los Claveles, en 1974. El paro es del 40,5% entre los licenciados menores de 34 años portugueses.

LOLA GARCÍA-AJOFRÍN. Publicado en ESCUELA, el 24 de marzo de 2011.

Joao Labrincha (en el centro) narra al teléfono a ESCUELA que "todo empezó con una canción"

“Todo comenzó con una canción”, cuenta al teléfono João Labrincha, de 27 años, licenciado, desempleado, exbecario, extrabajador precario y uno de los organizadores de la mayor movilización de Portugal desde la revolución de los claveles del 25 de abril de 1974, que el pasado 12 de marzo sacó a la calle a más de 300.000 personas, según los organizadores, para denunciar las precarias condiciones laborales de toda una generación. Eran unos 200.000 jóvenes en Lisboa -100.000, de acuerdo con las autoridades-, cerca de 80.000 en Oporto -60.000, según la Policía- y otros tantos en una decena más de ciudades portuguesas, que atendían al anuncio puesto en Facebook por cuatro jóvenes (João Labrincha, Paula Gil, Alexandre Sousa Carvalho y António Frazão) antiguos compañeros en la Universidad de Coimbra, cualificados y sin expectativas. ¿Les suena? 

Algunos ven en las redes sociales el elemento común que une a las recientes manifestaciones de Portugal con las acontecidas las semanas pasadas en el Norte de África. Pero si se considera la cuestión a fondo, son muchos otros los paralelismos: Portugal es el segundo país europeo, después de Polonia, con un mayor porcentaje de trabajadores temporales (14%), según datos de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo (Eurofound) y tres de cada diez empresas portuguesas tienen empleados sin contrato; un licenciado entre 25 y 34 años cobra 1.015 euros al mes, y el salario medio es de 850 euros; el paro es de 40,5% entre los menores de 34 años licenciados portugueses y cuatro de cada diez jóvenes (el 56% en la franja de edad entre 15 y 34 años) vive con los padres.

“Soy de la generación sin remuneración/ y no me incomoda esta condición/ qué tonto que soy/ porque esto está mal y va a continuar/ es una suerte que pueda ser becario”. La letra de esta canción, Parva que sou [Tonto que soy], del grupo Deolinda, que Labrincha tararea al teléfono, hace alusión a la denominada ‘Geração à rasca’, como se conoce en Portugal a la juventud empleada en trabajos precarios. Y grupo creado en Facebook por João, responsable de despertar a toda una generación portuguesa.

En la Red, la página reúne a miles de miembros; en la vida real a un millón y medio de portugueses. Posiblemente fue por eso, por lo que, explica Labrincha, la canción tuvo tanto éxito: “Demasiada gente se sentía identificada”. La actuación de la banda en directo, el pasado 22 de enero, en el Coliseu do Porto, pronto se difundió a diestro y siniestro por la Red. Sin quererlo, su letra se convertía en himno de toda una generación “donde para ser esclavo es preciso estudiar”, dice el estribillo y despertó la necesidad de hacer algo de cuatro jóvenes que llevaban tiempo cuestionando su situación: “Todos habíamos trabajado en cualquier cosa mientras estudiábamos, habíamos hecho prácticas e, incluso, Máster, y ahora ¿qué?”, relata Labrincha.

Así se le ocurrió a João crear el grupo de Facebook ‘Geração à rasca’ para convocar a “desempleados, quinientoseuristas, mal remunerados, esclavos disfrazados, subcontratados, contratados temporales, falsos trabajadores independientes, trabajadores intermitentes, becarios, becados, trabajadoresestudiantes, estudiantes, madres, padres e hijos de Portugal”. También establecieron un blog (http://geracaoenrascada.wordpress.com) y un manifiesto con sus peticiones. “Para serte sincero nunca esperamos tal expectativa”, reconoce el joven.

“En solo dos días, el grupo de Facebook ya tenía 2.000 seguidores y 80.000 la jornada del evento, que ya es una barbaridad, pero es que a la calle las personas que salieron fueron cinco veces más”, asegura. “Somos la generación con mejor educación de la historia del país”, “no protestamos contra otras generaciones, protestamos por una solución y queremos ser parte de ella”, “protestamos para que todos los responsables actúen en conjunto”, reconocían ante la multitud João Labrincha, Paula Gil y Alexandre Sousa, uno tras otro.

Al grupo le gusta recalcar que se trata de una protesta “apartidaria, abierta a todos los partidos e al que no tiene preferencia política; laica, abierto a todas las religiones y al que no tiene religión; y pacífica”, como matizan en su blog. Y también que “no se consideran líderes de nadie ni protagonistas; lo es la gente que por algo ese 12 marzo salió a la calle”, explica Labrincha.

Miguel Barreto, amigo de dos de los organizadores: Alexandre Carvalho y Paula Gil, junto a los que estudió Relacciones Internacionales en la Universidad de Coimbra, coincide con él al afi rmar que los jóvenes portugueses salieron a la calle porque “la situación se estaba volviendo insoportable e insostenible. No era posible continuar aceptando pasiva y acríticamente el estado de las cosas de este país”. Y expone que si él se manifestó, fue para “gritar ‘¡Basta!’”. Desempleado, actualmente finaliza su tesis de doctorado en Política Internacional y resolución de Conflictos para la que obtuvo una beca de investigación.

Todos coinciden en que “más que una manifestación contra el Gobierno, fue una protesta contra un sistema de gobierno y una política económica vigente que incide de forma particularmente grave sobre los jóvenes, pero afecta a todas las generaciones y que tiene en Portugal uno de los escenarios más agudos de crisis, que atraviesa toda una Europa sin rumbo y sin horizonte político”, asegura Barreto.

De hecho, los organizadores habían pedido por Internet que el día de la manifestación cada uno de los asistentes llevase una hoja A4 con su protesta y una solución para el problema. “El objetivo de este movimiento cívico no es ‘derribar gobiernos’ como en Oriente Medio, sino cambiar el rumbo del país por un futuro más justo y social”, escribieron en Facebook. Esas propuestas serán llevadas el próximo 25 de marzo al Gobierno de la República. Barreto tiene la suya: “Estamos ante una regresión civil que pone en cuestión los derechos sociales y laborales adquiridos a lo largo del siglo XX y nos remite a un sistema de trabajo que nos aproxima peligrosamente al siglo XIX”.

El joven lo define como “una especie de estrategia de Robin Hood invertida: se reducen los derechos y beneficios sociales, pero se protege la banca; se piden sacrificios a las clases media y baja, pero no se tributan los flujos financieros. Hay toda una lógica invertida que trata a las personas como números y a los mercados como personas”, concluye.

Antes de terminar la conversación, Labrincha también enuncia su mensaje. Reconoce que para ellos “el mayor logro no ha sido el número de personas que salió a la calle, sino que esos jóvenes que se consideraban apolíticos, que cuando se les preguntaba a quién votarían, te decían que la política no iba con ellos; esas mismas personas salían a la calle para exigir que desde la política se cambiasen las cosas”. Palabras similares a las que nos expone su compañero de Facultad, Barreto: “Por lo menos, la manifestación demostró que una generación y un país que estaban dormidos despertaron”.

Dicen que ‘quién no llora, no mama’. ¿Y en España? “No, en España están de botellón”, ironiza Enrique Dans en su blog.

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