Cualificada y sin expectativas, la juventud árabe pierde la paciencia


LOLA GARCÍA-AJOFRÍN. Publicado en el periódico ESCUELA, 10 de marzo de 2011.

FOTO: Al Jazeera English

El próximo 29 de marzo un joven de la localidad tunecina de Sidi Bouzid hubiese cumplido 27 años. No lo hará. Porque un 4 de enero de 2011 se cansó de luchar por una oportunidad laboral en un país con una juventud cada vez más cualificada que adolece de expectativas, y se suicidió a lo bonzo en público, en señal de protesta. Se llamaba Tariq Tayyib Mohammed Bouazizi y su biografía es la de un joven tunecino que vendía fruta para ganarse la vida; que era molestado cada jornada por la policía por vender de manera ambulante; y que un día, simplemente, no pudo más. El final de su historia es el comienzo de un nuevo episodio en toda una región.

Hoy muchos se preguntan cuáles son los factores que han dinamitado en cuestión de semanas las dictaduras de varios países del Norte de África y Oriente Próximo. Los que forzaron la huida del dictador de Túnez, Zine El Abidine Ben Ali, tras la osadía del joven Mohammed Bouazizi y las consecuentes protestas; y aquellos que hicieron perder la paciencia a un históricamente silencioso pueblo árabe. De repente, expertos de todo el mundo miran de reojo a una juventud, cada vez más cualificada y conectada.

“Pienso que la educación es la clave de todo esto”, admite tajante el catedrático de origen palestino, Najib Abu-Warda El-Shandoghli, profesor de Ralaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y gran conocedor del mundo árabe. En los últimos días no separa la vista de los informes de medio mundo que no fueron capaces de detectar las revueltas. En su despacho, en la Complutense, explica al detalle que ha recopilado los estudios del año pasado de decenas de universidades norteaméricanas sobre zonas en tensión en el mundo y, “en todos, la región árabe, figuraba como la zona de mayor estabilidad”. Expone, con dotes de docente, que estas investigaciones se limitaron a analizar los factores coyunturales –las dictaduras permanecían inmóviles- y se olvidaron de los elementos estructurales, que podían desembocar en un levantamiento, como: los niveles de democracia, la falta de libertad de expresión, de igualdad entre hombres y mujeres, de gestión del gobierno o la corrupción. Por eso, según el profesor Abu-Warda, “todos estos estudios superficiales enviaron mensajes falsos”. Mientras, “los elementos estructurales estaban latentes y podían estallar en cualquier instante”.

El profesor Najib Abu Warda durante la entrevista con ESCUELA

La pregunta de por qué el mundo árabe explota en este momento, según el especialista palestino, se responde precisamente con esos factores estructurales que no fueron analizados: “Los niveles de formación de los jóvenes árabes, cada vez más cualificados; la comunicación, con una formación e información que circula en un espacio abierto y la ausencia de democracia, de derechos y de libertades, se tradujo en una población que no solo era consciente de las injusticias, sino que, por primera vez, contaba con la disposición y las herramientas para no tolerarlas”. Hace tres años un informe del Banco Mundial ya adelantaba estos ingredientes. Era la investigación El camino no recorrido. La reforma educativa en Oriente Próximo y el Norte de África. Uno de los primeros elementos que señalaba este trabajo es que la región MENA – como se conoce a la zona, por sus siglas en inglés- “ha invertido fuertemente en educación en las últimas décadas y como consecuencia, ha mejorado el nivel, cantidad y calidad del capital humano”.

Sin embargo, esto no se ha traducido en un crecimiento económico de su sociedad, “que en los últimos 20 años ha sido relativamente bajo”. Y, “mientras la región vio un mayor incremento en la inversión en capital humano durante el periodo de rápido crecimiento en los 60 y 70, que continuó en los 80 y 90; el efecto positivo no se materializó”, según analiza este estudio.

Explica, por ejemplo, que en Egipto, en esta época, las cifras de inversión en capital humano se duplicaron, mientras que los factores de productividad total (TFP), disminuyeron en un 25%. Algo similar había ocurrido en Marruecos y Argelia durante los 70. Y finalmente, “el mayor nivel de inversión en educación durante las cuatro últimas décadas no estuvo asociado a un mayor crecimiento económico o mayor productividad comparado con el del Oriente asiático y Latinoamérica”. El motivo, según esta investigación, es que la región históricamente contó con empleo en el sector público como forma de absover el aumentro del nivel de educación de los ciudadanos. Mientras tanto, “el Estado jugaba un papel significativo en el sector productivo, dejando al sector privado con muy pocas oportunidades para florecer”, por lo que la mayoría de las economías MENA fueron aisladas de la competencia internacional. Y como resultado, la región no generó el suficiente crecimiento como para para crear puestos de trabajo para esa mayor población cualificada y cosechar la inversión en educación.

En relación a este informe, el 5 de febrero de 2008, un directivo del Banco Mundial, Marwan Muasher, concedía una entrevista a BBC, que publicaba en el artículo La educación árabe se retrasa y en la que parecía vaticinar los elementos que hoy propiciaron el cambio en la zona: “Es una región muy joven -60% de la población está por debajo de los 30 años- por lo que harán falta 100 millones de nuevos empleos en el mundo árabe en los próximos 10 o 15 años”.

Mohamed Ezzat, de 26 años, original de Puerto Saíd, pertenece a ese generación de jóvenes preparados egipcios de clase media, cada vez superior, que ya no se contenta con los caprichos de la dictadura. Estudia dirección de empresas y le apasionan los idiomas –habla árabe, inglés, italiano, francés y español-. Por Facebook nos hace una demostración de su dominio del castellano. Las redes sociales también han jugado un papel preponderante en la revolución. “Es el único lugar por el que la mayoría de los jóvenes de Egipto pueden declarar lo que desean o quieren para el país, sin el fastidio de la policía”, asegura Ezzat. El joven relata cómo en Egipto sucedió un acontencimiento similar al de Túnez, que fue automáticamente dinfundido gracias a las redes sociales; otro de los elementos que han otorgado formación, información y posibilidad de comunicación a los chavales árabes.

En el caso egipcio, cuenta Ezzat, que el desencadenante fue la muerte de un joven a manos de la policía, que negó lo ocurrido y se excusó en que el chaval había consumido marihuana. Como había ocurrido en Túnez, las redes sociales sirvieron para que la noticia se difundiese automáticamente. Se creó un grupo en Facebook que rápidamente reunió a 500.000 jóvenes egipcios y se eligió el 25 de enero –“fiesta anual de la policía de Egipto, que conmemora la batalla entre los agentes egipcios y las fuerzas armadas británicas, en el Canal de Suez, en el año 1952”, puntualiza Ezzaz- para convocar a la juventud en señal de protesta. “Aquella elevada población juvenil, entre los 15 y los 40 años de la que hablábamos, que maneja la tecnología, ahora era la que salía a la calle”, explica el joven.

Hoy los pasos de los chavales pueden seguirse en el grupo de esta red social ‘Revive Facebook’. Contactamos con su creador, ‘Soka’, Sherif El Hayawan, que nos explica que “el principal problema para los jóvenes egipcios es la falta de expectativas”. Le pone números: “un veterinario recién licenciado puede ganar 30 dólares al mes, hay directores con salarios que alcanzan los 10.000 dólares mensuales”. “Son jóvenes que en algunos casos hablan varios idiomas pero no ven recompensado en el salario el dinero que invirtieron en educación”.

Con el objetivo de ayudar a estos chavales, cuenta, que crearon esta página, también otras, años atrás, para reunir a doctores, ingenieros, etc., explica, y añade: “una de las principales demandas de esta revolución es mejorar la educación”. Otro estudiante, Ibrahim El Nems, de 19 años, que cursa Ciencias, Tecnlogía y Transporte Marítimo en El Cairo está convencido de que “Egipto está cambiando mucho” y “la revolución cambiará en la educación muchas cosas más”. Describe las últimas semanas como “los momentos más maravillos, alucinantes y adorables pero a la vez, los días más peligrosos” para él y su familia, “en un momento, en el que sientes que todos están hartos del sistema y quieren ser más libres, mientras que el presidente lleva 30 años haciendo lo que le da la gana porque no quiere perder la silla”, sostiene el chaval. El Nems narra, todavía con prudencia, que su madre pasó miedo: “nos cortaron las conexiones y ella no quería que saliésemos a la calle”. “Esa era la pretensión del gobierno”, expone el joven, pero recuerda que el 28 de enero finalmente salieron para ir a rezar, porque era viernes; cuando terminaron, caminaron con 200 o 300 personas, hasta que fueron uniéndose miles y miles hasta alcanzar la plaza “Tahrir”.

“El Gobierno pensó que porque nos cortasen las conexiones no nos podríamos en contacto unos con otros y nos quedaríamos en casa; estaba equivocado”, recuerda el joven que asegura que hasta se encontró con amigos del colegio que hacía tres o cuatro años que no veía. El resto de la historia, es de sobra conocido. El 11 de febrero, el hasta entonces presidente del país, Hosni Mubarak, abandonaba su cargo. Llevaba en el poder 29 años, desde que sucediese al presidente interino Sufi Abu Taleb, en 1981, tras el asesinato del anterior titular, Anwar el-Sadat. Se trata de una revolución sin precedentes, que sigue dando sorpresas. Explicaba el profesor Najib Abu-Warda, durante la entrevista concedida a ESCUELA, que el pasado 2 de marzo asístió en directo a través la televisión egipcia a la irrupción de cuatro jóvenes en la junta militar egipcia, que exigían el cambio de los cuatro ministros que permanecían del gobierno de Mubarak. “Por primera vez se está escuchando al pueblo”, asegura. La junta militar aceptó y los estudiantes elaborarán una lista con los posibles candidatos.

Hasta ahora, explica Abu-Warda, que todas las instituciones públicas en Egipto estaban en manos de los cuerpos de inteligencia del gobierno. En las universidad, se tomó la decisión de nombrar como rectores a militares y sus instalaciones estaban totalmente controlada por agentes, “hasta el punto de que era necesaria una acreditación para pasar al recinto”, asegura. En total, “1.400.000 agentes policiales y distintos cuerpos de la inteligencia se encargaban de mantener el sistema en Egipto”, asegura. Pero, el caso de Túnez y Egipto no es el mismo que el resto de países de la zona. “Existen elementos comunes en la región, como es la ausencia democracia y libertades; sin embargo, las particularidades que pueden motivar el estallido en un país puede que no sean las mismas a las de otro”, admite Abu-Warda, que hace referencia a la cuestión económica y social –alto niveles deparados y salidas laborales- de Túnez y Egipto, como los elementos que han provocado allí las movilizaciones, pero que, en países donde hay altos niveles de bienestar económico –“no quiere decir bienestar social”, puntualiza el profesor- como el Golfo, Arabia Saudí o los Emiratos Arábes etc., allí, la cuestión económica no será la clave del cambio; sino otras, como la libertad.

“Tampoco es el caso de Libia”, reconoce el profesor palestino, porque se trata de un formato distino, que se debe a la ausencia de estructuras estables del Estado: “El sistema libio, se basa en congresos populares -el llamado autogobierno del pueblo-. Una vez debilitas enomemente las estructuras del Estado, con un ejército practicamente desmantelado y las instituciones públicas sin capacidad de gestionar, el resultado es la situación caótica, que ya se está produciendo”.

Le preguntamos si cree que veremos la democracia pronto en estos países. Le da 50 años. “Es el incio de un posible cambio. En Egipto y Túnez, la situación anterior no va a volver, y cualquiera que llegue será mejor, pero los cambios van a ser lentos. En algunos casos muy lentos y de distinta intesidad, que en ciertos lugares, como Libia, lamentablemente podrían desembocar en guerras civiles”, admite el profesor, que compara el momento que asiste el mundo árabe con la Europa del Este, en los 80. “Lo han hecho hace 15 años pero no hay un efecto de plena transición, no ha concluido, es verdad que son países de la UE, pero están en tercer plano de la Unión. Como efecto muchos emigran. Cuando acaba ese fenómeno es cuando obervamos consolidación, cuando el ciudadano se comprometa con el sistema establecido”.

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