Welcome to Miami/ Bienvenido a Miami


Publicado en 5 Magazine

Recorremos durante 30 días la legendaria nightlife de South Beach. En la ciudad cualquiera puede ser reina por un día y rico por una semana.

 By LOLA GARCÍA-AJOFRÍN. Publicado en 5 MAGAZINE (www.5-magazine.com)

Luces, cámaras… ¡Acción! El taxi se detiene en el primer semáforo de Lincoln Road, el recibidor de South Beach. Un Lamborghini Gallardo amarillo chillón se contonea con pretensión engatusadora. Tres cuerpos voluptuosos que insinúan un short y bikini minúsculos le expolian protagonismo. Bajo la ventanilla. No doy crédito. Una jauría de deportivos de alta gama ruge a paso de tortuga y a ritmo de hip-hop. Curvas y carros compiten a la velocidad del que quiere dejarse ver. “Welcome to Miami/ Bienvenido a Miami” –la canción de Will Smith— me viene a la cabeza.

Son las 11:00 de la mañana y acabamos de aterrizar en South Beach, también conocido como SoBE –el área recreativa de Miami Beach y a diez kilómetros de Miami—. 9 horas y 45 minutos separan la capital española de la capital hispana estadounidense [14 horas con escala; unos 550 euros –precio crisis—]. La ciudad acaba de despertar. Palpita con brío. En Miami las calles se ponen a las 11 00 A.M y se quitan a las 5:00 A.M –sólo Space remata la semana a las 12:00 del día siguiente—. Tengo la sensación de hallarme frente a la puesta en escena de los siete pecados capitales. Lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia se congregan en apenas una calle. Nos encontramos en la mítica Ocean Drive, aquella en la que Tony Montana [Al Pacino] y su amigo Manny Rivera [Steven Bauer] liquidaran un “encarguillo” en un motel, en el célebre film ‘Scarface’. O por la que lucirían palmito niñas monas en patines y ‘machos’ latinos, en la serie televisiva Miami Vice, en los 80.

El sol luce con avidez en el ‘Sunshine State’ de los Estados Unidos’ –18º C de mínima durante todo el año reclaman a personajes populares de todo el país y a gentes de todo el planeta—. Ha sido así desde los años 20, cuando las clases pudientes construyeron sus mansiones en la que se conoció como “La fila de los millonarios” –Collins Avenue—. Y muy especialmente a partir de los 90, cuando rockstars como Madonna o Sylvester Stallone adquirieron su nidito en la zona. Hoy Miami se rige por la máxima de “famoso atrae a famoso” y la “erótica del poder” que seduce al turismo de medio mundo. Palmeras, sol, noche y derroche hacen el resto.

De camino al hotel el paisaje es constante. Todo un homenaje a la silicona y a los anabolizantes otorga movimiento a un escenario que parece haberse detenido en los años 20. El estilo Art Déco que conservan las viviendas color pastel de dos plantas otorga una pincelada de impudicia al ambiente. Los aparatosos hoteles de lujo nos devuelven a la realidad. Reparo en un cartel que reza: “Renta de autos de lujo. Miami rent a car”. En Miami se habla spanglish y se comen frijoles, hamburguesas y sushi. Según el censo de 2008 los blancos no hispanos representaban a un escaso 11,8%.

Llegamos a nuestro destino. Un fastuoso apartamento en el Shelborne Hotel. Su piscina acoge una de las Poolparties más aclamadas de la zona. Especialmente durante Spring Break –las vacaciones primaverales— cuando los norteamericanos de otros Estados, donde entonces todavía se viste abrigo, acuden como los caracoles al sol de Florida. Y Miami revienta.

Agenda Miami

Empezamos la semana en domingo, como los norteamericanos. No es baladí. Se trata posiblemente del mejor día de la semana miamense. El responsable es Nikki Beach [1 Ocean Drive]. Un club con camas blancas que yacen en la arena y que acoge todos los domingos a guapos, ricos y famosos. Recientemente ha sido calificado como uno de los 21 chiringuitos “más sexy” del mundo –en la clasificación también hay uno español, Sa Trinxa, de Ibiza—. En su interior, cuerpos esculturales aderezados por gafas de firma y camisetas raquíticas se mecen al son del DJ. Algunos llegan de Space. Otros comen langosta en el restaurante. Todos beben [300 dólares la botella tamaño regular, 600 dólares la Mágnum]. Miami es una ciudad fanfarrona. Todo se permite. Cualquiera puede ser reina por un día y rico por una semana. Un par de turistas italianos aparcan un Lamborghini Murciélago en la puerta del recinto –es alquilado— [2.499 dólares/día, 17.499 dólares/semana]. El juguete forma parte de la religión de Miami Beach. Sin dinero no hay coche. Sin coche, no hay chicas. O chicos. Tres rubias explosivas, bronceadas por el sol y sabedoras de su potencial abandonan la discoteca. Las recoge un Hummer Limosina [desde 125 dólares/hora] del mismo blanco pulcro que uno de sus vestidos. Todas podemos ser/sentirnos Paris Hilton en Miami. Nos despedimos a la par. Próximo destino, Set [320 Lincoln Road], otro de los clásicos de la noche más chic de South Beach. Antes hacemos una parada en Sushi Samba [600 Lincoln Road], uno de los restaurantes de visita obligada. La fusión de la mejor gastronomía japonesa, brasileña y peruana se sirve a ritmo del DJ y al calor de mojitos de todos los sabores –recomendable el de frambuesa—. Nueva York, Chicago, Las Vegas y Tel Aviv también cuentan con el suyo.

Miami se agita de noche y vibra de día. Aparte del ocio nocturno –South Beach ofrece más de 150 clubes—, uno de sus máximas atracciones son las playas. Neveras repletas de ron y cerveza fría, equipos de música y osadas bellezas deleitan al personal. Desde la torre, atléticos vigilantes de bañador rojo custodian el agua al más puro estilo Mitch Buchanan. La playa se divide en ambientes, como si se tratara de barrios. De las europeas en topless e italianos en Speedo —lo que aquí se conoce slip—, entre la 1 y la 3; al reggeaton y hip-hop de un público mayoritariamente latino entre la 4 y la 7, donde encontramos zona de musculación semejante a la de las playas de Copacabana (Brasil). Conocemos a un grupo de cubanos que reconoce haber llegado en balsa hace un par de años. Son los beneficiados de la “Ley de Ajuste cubano”, de 1966, que concede automáticamente a todo ciudadano de Cuba que pise suelo norteamericano un permiso especial de residencia legal en el país – coloquialmente se denomina como la “política de pies secos, pies mojados”—. El resto de la playa se limita especialmente a los huéspedes de los hoteles, mimados por el servicio; y una selecta área adornada por la bandera arcoiris que se reserva al público gay.

Miami no descansa. Después de una larga sesión de playa es imprescindible recompensar al paladar en uno de los cafés del paseo marítimo. Una opción más que apropiada es el Bongos Cuban Café, [601 Biscayne Blvd], propiedad de Gloria y Emilio Estefan, de los que el Nuevo Herald diría en 1997, tras su inauguración, que “quienes le enseñaron primero al mundo a bailar la conga, ahora quieren enseñarle qué diferencia hay entre la vaca frita y la ropa vieja”. Tras el almuerzo, obligado un bailoteo en Mambos [1020 Ocean Drive] y fotografiarse en la famosa casa Casuarina [1116 Ocean Drive] en la que hace ya 13 años era asesinado su dueño, el modisto italiano Gianni Versace. En 2004 la mansión reabrió sus puertas reconvertida en un club para millonarios, en el que por un pago inicial de 30.000 dólares y una cuota anual de 3.600 se puede asistir a las fiestas más suntuosas.

La ruta de las celebreties

Existen varios rincones en Miami donde los bolsillos más acaudalados llevan al límite sus excentricidades. Durante nuestra estancia, tuvimos la oportunidad de asistir a una confidencial fiesta de Swing –intercambio de parejas— en uno de los más lujosos rascacielos de Downtown, el núcleo urbano, al otro lado del puente. [Por privacidad nos reservamos su nombre]. Se trata de una velada sólo apta para miembros del club –y no es necesario decir, para adultos—. La única consigna, vestir rigurosamente de negro. Ni indicaciones. Ni evidencias de lo que se fragua dentro. Una persona nos espera en la puerta. Nos conduce hacia un ascensor sin mermar palabra. Tras ascender cuarenta y tantas plantas, cambiamos de elevador. Un papel con una flecha en la pared la única prueba del delito. “Hemos llegado”, murmura. En su interior guapos y guapas con escasa ropa se divierten. Abandonamos antes de que comience el show.

Son innumerables las celebreties que poseen primera, segunda o tercera residencia en Miami. Es fácil verlas paseando por restaurantes y clubes comunes. Pero también disponen de sus escondrijos. De lejos, se pueden contemplar sus mansiones a bordo de un barco que recorre “las islas de las estrellas” desde el Bayside. De cerca, es factible tropezárselas en algunos de los espacios a los que son asiduas. Como el hotelFontainebleau [4441 Collins Avenue], en el que son habituales el ex-pelotero Sammy Sosa –que celebró su último cumpleaños allí—, el golfista Tiger Woods, Paris Hilton, Kim Kardashian o Michael Jordan, entre otros, según nos comenta uno de sus camareros, Rhomer Tejada, un guapísimo dominicano afincado en Miami. Rhomer nos acompaña en el recorrido habitual de la farándula. Para vestirse, por las lujosas boutiques de Lincoln Road, Aventura Mall o Bal Harbour Village; para entrenarse, por el David Barton Gym [175 dólares/mes], un opulento gimnasio con DJ incluido; y para lucirse, por la LIV Club, la discoteca mas cotizada de Miami, situada en el propio hotel Fontainebleau [la entrada el pasado fin de año ascendía a los 800 dólares y las mesas oscilaban entre los 5.000 y los 25.000]. También es posible encontrárselas en Set, MIA –Downtown— o Segafredo de Brickell.

Otras alternativas que ofrece la noche de SoBE, no menos ostentosas, son las de los clubes Mansion [1235 Washington Avenue], el lujoso Delano Hotel [1685 Collins Avenue], B.E.D [929 Washington Avenue],Cameo [1445 Washington Avenue], Mynt [1921 Collins Avenue] y Mokai [235 23rd Street]. “Cabe destacar que en estas discotecas son famosas las ‘Bottle Wars’ o ‘Guerras de Botellas’” –nos cuenta Rhomer durante nuestro paseo—, que consiste en una disputa entre dos o más mesas del VIP por pedir la bebida más cara de la noche. “Yo he visto llegar a una mesa hasta 10 botellas de champagne al mismo tiempo”, reconoce. Durante nuestra estancia asistimos a varias de ellas.

Pero posiblemente el evento que más demencia y despilfarro derrocha es la Winter Music Conference (WMC), un acontecimiento musical mundial que se celebra cada año –en 2010 tendrá lugar entre el 23 y e 27 de marzo— y que reúne a lo mejorcito de la electrónica. Hasta la cita acuden los más prestigiosos DJ’s del mundo. Y como acapara a tanto público, las productoras como Sony, Panasonic o Pioneer aprovechan para presentar sus nuevos productos –mixer y todo lo relacionado con la producción musical—. “Yo personalmente divido el evento en tres partes: Party –entre las 22:00 horas y las 5:00—; After party –entre las 5:00 y las 15:00 ó 16:00 horas—: y Pool party –entre las 11:00 de la mañana y las 23:00 horas—, mis favoritas”, nos comenta Rhomer.

Y para terminar la visita, ¿por qué no un tatuaje en Miami Ink [1344 Washington Ave]? El famoso estudio de tatuajes que popularizó un reality estadounidense que mostraba en directo la maña con la aguja de sus protagonistas. Accedo varias veces a su interior. Es fácil encontrarse con los artistas, Ami James, Chris Nuñez, Chris Garver, Darren Brass y el aprendiz Yoji Harada. Reviso distintos catálogos de diseños y charlo con alguno de ellos. No me atrevo. Vuelvo un par de veces. Al final desisto. No es necesario un tatuaje para recordar la ciudad. Miami marca por sí sola.

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4 Respuestas a “Welcome to Miami/ Bienvenido a Miami

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