La ‘cruz’ del dogma en la escuela Pública


Entrevistamos a la familia que revolucionó  Italia y puso al gobierno de Berlusconi en pie de guerra por la batalla de los símbolos religiosos. El Tribunal de Estrasburgo les dio la razón en noviembre.

LOLA GARCÍA-AJOFRÍN. Publicado es ESCUELA, 14 de enero de 2010

Fachada de la casa de la familia Albertin tras la decisión del tribunal de Estrasburgo.

Un garabato en forma de crucifijo decora la fachada de la casa de la familia Albertín-Lautsi, en Padua (Italia). Es la exhibición con la que muestran su furia algunos de los miles de italianos contrarios a la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). El máximo órgano judicial de Europa les dio la razón el pasado 3 de noviembre al considerar que la presencia de los crucifijos en las aulas constituye “una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones” y de “la libertad de religión de los alumnos”.

Y tras siete años de paseos por los juzgados, esta familia de una pequeña localidad de provincia al norte de Italia se ha salido con la suya. La decisión de la Corte Europea no es baladí. Sienta precedentes. Los crucifijos, inmóviles en las aulas italianas desde 1929 –aunque el Catolicismo dejó de ser la religión del Estado en 1984—deberán ser retirados. La noticia ha caído como un jarro de agua fría en la católica Italia. También dentro del gobierno de Berlusconi,  que ya ha recurrido a la Gran Cámara –su fallo se conocerá en los próximos meses—. Y en el Vaticano, que ha calificado la decisión de “errónea y miope”.

El padre, Massimo Albertin, en una entrevista concedida a ESCUELA, carga contra todos ellos. Lamenta que en “Italia no exista una cultura democrática consolidada”. Y que “la gente sólo sea capaz de decir: ‘se debe hacer lo que quiere la mayoría’”. “Pero la democracia no es sólo la dictadura de la mayoría. Sino también el respeto a las minorías. Y el respeto a los derechos fundamentales del hombre”, recuerda. Y advierte que eso significa que “el Estado no puede tratar a algunos ciudadanos –los católicos— de forma diferente y preferencial respecto a los no católicos”.

La victoria ha sido reñida, prolongada y sonada. Hoy el matrimonio manifiesta el veredicto del TEDH orgulloso: “A nosotros la razón nos la han dado siete jueces de siete”. Mucho ha llovido hasta entonces. Y mucho podrá llover en los próximos meses si Il Cavaliere decide mover cartas. “En Italia los políticos laicos son el 3% ó 4%. La mayoría son prisioneros del poder de la Iglesia. Y está claro que si la sentencia se modifica será por culpa del lobby del Vaticano”, sostiene Massimo. Mientras tanto, estos padres –que prefieren preservar su intimidad y no mostrar ninguna fotografía suya— cargan con la otra cruz del conflicto. Los reveses de la fama. “En varias ocasiones mis hijos han tenido que soportar que se les llame ‘ateos de mierda’”. Respecto al incidente de las pintadas en el muro de su vivienda, se limita a calificar a sus autores como “católicos-talibanes”.

Para este padre, el meollo del asunto es sencillo: “estamos en nuestro derecho de solicitar que el Estado sea neutral”. Además, “el crucifijo no forma parte de la escuela, sino de la religión”, sostiene. “En los centros de estudio no hay símbolos de partidos políticos, ni de equipos de fútbol. Lo único que debe colgar de las paredes de un colegio son los materiales didácticos”. En el resto de Europa la cuestión no está tan clara.

Es el caso de Polonia, donde el 95% profesa la fe católica. Allí fueron los primeros en poner en tela de juicio la decisión de Estrasburgo. Lo hicieron desde el parlamento, que rechazó por mayoría absoluta a finales de año la retirada de los símbolos religiosos de sus escuelas. Además, manifestó su “preocupación” por “las decisiones que infringen la libertad de religión, desprecian los sentimientos y leyes de los creyentes y alteran la calma social”. También el parlamento eslovaco se pronunció en contra de la decisión del Tribunal Europeo y aseguró que “los símbolos religiosos están en línea con las tradiciones históricas de Eslovaquia”. Y Lituania, donde tras la adopción de la nueva legislación, el pasado 22 de diciembre, en la que se hace hincapié en la preservación de familia ‘de toda la vida’, la presidenta del Parlamento, Irena Degutiene recordó que “Lituania es un país europeo que mantiene unos valores éticos tradicionales que no tiene intención de abandonar”. La resaca del debate también ha llegado a Portugal y a Alemania.

Y a España, donde, después de tres años de titubeos, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL) ha seguido la línea del Tribunal Europeo para el caso del Colegio Público “Macías Picavea”, de Valladolid, “aunque no de un modo absoluto”. Por tanto, resolvió la retirada de los crucifijos aunque solo en caso de que los progenitores así lo soliciten y durante el curso en cuestión. Un veredicto que se ampara en “la misma doctrina constitucional que se empleó para reconocer a otros padres el derecho a la objeción de conciencia respecto a la asignatura de Educación para la Ciudadanía”. Y eso que todo empezó con las quejas de una familia en una pequeña localidad al norte de Italia.

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